Relación entre aprendizaje cooperativo y la escuela inclusiva
Con esta foto hago una pequeña comparación entre la escuela tradicional, colocada en la parte derecha de la pizarra, y la escuela inclusiva desde un aprendizaje cooperativo colocada en la parte izquierda de la pizarra.
En la parte derecha, nos encontramos con una escuela tradicional, que se sigue dando en la mayoría de los colegios, donde el profesor goza de todo el poder y el saber de todo. Es una escuela donde se trata a todos los niños/as por igual, creando un alumnado homogéneo, sin tener en cuenta lo que piensan o sus tipo de aprendizaje o que es lo que más les cuesta hacer. El profesor enseña para un tipo de alumnado, donde no se da mucha importancia a la participación, muchas veces esta como prohibida, por lo que los niños se sienten cohibidos a participar por miedo a no saber que decir o por si lo que dicen esta mal y son sancionados. En este tipo de escuelas, los/as niños/as que son diferentes, en el sentido de tener un ritmo de aprendizaje más lento, de pertenecer a otra cultura o tener algún tipo de discapacidad, son más excluidos, tanto por parte de los docentes, como por parte de sus compañeros/as que muchas veces imitan las acciones de los adultos. Por ejemplo, cuando estuve de prácticas en un colegio preferente de TEA, había un niño de cinco años en el aula ordinaria, donde la profesora decía a sus alumnos/as :"no os acerquéis haber si os va hacer algo", esta actitud la imitaban sus alumnos/as, creando de esta forma exclusión. Creo que es importante que los docentes se formen y obtengan más información de como tratar a cada uno de sus alumnos/as, sin pensar en que ese niño/a es un estorbo para los demás o para su aprendizaje.
En la parte izquierda, he dibujado una escuela inclusiva, donde hay diferentes tipos de personas, y cada una de ellas con un pensamiento diferente. En este tipo de escuelas todos interactuan entre sí y tratan de ayudarse los unos a los otros, intentando superar las barreras que se interponen en el camino. El docente trata a sus alumnos/as de forma heterogénea, conociendo a cada uno/a de sus alumnos/as, descubriendo cual es el aprendizaje que le gusta más o con cual es con el que aprende mejor e intentado que todos se relacionen entre sí, para crear métodos nuevos o innovar más para evitar de esta manera la exclusión.
Por lo tanto, hay que tratar el mayor número de contenidos (conceptos, aptitudes, actitudes, valores…), ya que llevar a cabo un método basado en el aprendizaje cooperativo dentro del aula, favorece sobre todo a que en el aula se sostenga el derecho a una educación inclusiva, la cual en muchos colegios por desgracia, no se lleva a cabo.
Según la LOE. Principios y fines de la educación, debe haber una calidad de la educación para todo el alumnado, independientemente de sus condiciones y circunstancias; debe haber equidad, es decir, igualdad de oportunidades… lo cual no suele suceder en la mayoría de los colegios, ya que siempre hay un grupo que suele estar más excluido que el resto, ya sea por tener otra cultura, otra religión, otras desigualdades sociales o por tener algún tipo de discapacidad.
Este problema que sucede en muchos colegios, lleva a crear en las nuevas generaciones una acción de maltrato, que denominamos como exclusión. Esta exclusión, para quien lo sufre, es muy duro, ya que se les crea un sentimiento de no poder participar en ningún grupo y no ser valorado como realmente lo merece. Muchas veces, son los propios docentes los que generan este tipo de exclusión en los/as alumnos/as, haciendo que el resto (los que no son discriminados) los que imiten esta conducta. Esto se puede ver claramente en el juego de “las sillas musicales”, donde los/as niños/as bailan alrededor de unas sillas (siempre hay una silla menos que los/as niños/as que están jugando), y cuando para la música, todos/as los/as niños/as se tienen que sentar en una silla, de tal manera que hay un/a niño/a que no se puede sentar y queda eliminado. El juego sigue hasta que solo queda un/a vencedor/a. Se puede observar como en cada ronda hay un/a niño/a que deja de jugar y queda excluido, y a veces no nos damos cuenta de cómo se siente al haberse quedado fuera y al ver como el resto de compañeros/as siguen jugando.
Por otro lado, si vemos el otro punto, si vemos la escuela desde la inclusión, todo sería diferente, ya que tanto los docentes, como los/as propios/as alumnos/as irían a la escuela a querer aprender y a convivir con todas las personas que lo rodean, sin importa las diferencias que puedan tener, valorándolas y respetándolas por como son cada una, y disfrutando del poder compartir esa experiencia con todos/as. Esto se lograría mejor desde una metodología de aprendizaje cooperativo, puesto que trata a las personas como un grupo heterogéneo, ya que no hay ninguna persona que sea igual a otra, al igual que no hay una persona que sea perfecta en todo, ya que todo el mundo tiene una serie de características, en las que se les puede dar mejor una serie de cosas y otras en las que les puede costar mucho más, y por ello no se las debe de excluir del resto. Además, convivir con diferentes personas, nos hace crecer y ver la gran diversidad humana que hay, pudiendo compartir muchas experiencias o incluso pudiendo saber actuar en un caso determinado al haberlo tratado con anterioridad.
El juego propuesto con anterioridad de “las sillas musicales”, si ahora lo tratamos desde un método cooperativo o desde la escuela inclusiva, se trabajaría de la siguiente manera: en vez de ir eliminando al niño/a que se ha quedado sin silla, ahora se tienen que organizar entre todos, de tal manera que según vayamos quitando sillas, ninguno/a de los/as niños/as se quede sin silla, es decir, todos tienen que estar sentados de alguna manera. Con este juego, fomentamos la inclusión y la cooperación entre todos/as, ya que si no se ponen de acuerdo en la forma de organizarse, en vez de fallar un solo niño/a, fallan todos/as, por lo que evitamos de alguna manera la exclusión.